

Todo el universo está en estado de vibración. Esto incluye al cuerpo humano. Cada órgano, hueso, célula y cualquier otra parte del cuerpo (y su campo energético), tiene una razón vibratoria sana.
Si no somos capaces de resonar con una parte de nosotros mismos o de nuestro entorno, resultaremos disonantes, es decir, que la frecuencia adecuada se cambia a una frecuencia que vibra sin armonía, creando disfunciones.
A través del sonido se proyectan frecuencias que permiten al cuerpo encontrar la forma de resonancia correcta y aplicarla a la parte que está en disonancia, devolviendo, de esta manera, la armonía a nuestros sistemas.
Algunos de los modos en los que estas prácticas pueden ayudar son los siguientes:
· Provoca estados profundos de relajación
· Armoniza y equilibra los hemisferios cerebrales
· Limpia y equilibra los chakras y el sistema energético
· Alivia el dolor y las incomodidades físicas
· Alivia el estrés, la tensión e hipertensión
· Calma y tranquiliza las emociones